Ignacio Casillas: “El fútbol sala se ha empobrecido en los últimos años”

Como tantos jóvenes españoles, Ignacio Casillas es otro ejemplo de emprendedor que durante la crisis buscó fortuna fuera de España. Sin embargo, este cacereño de 32 años tiene algo que le convierte en un ejemplo atípico de emigrante: por las mañanas trabaja en una consultora; por las tardes coge el coche, cambia el traje por las vendas y las rodilleras, y se marcha a casi dos horas de Varsovia. Allí entrena con su nuevo equipo, el Gatta Futsal, subcampeón de la Ekstraklasa, o lo que es lo mismo, la Primera División de fútbol sala en Polonia.

Tras dos años viviendo en Varsovia y conociendo la Segunda División bajo los palos del AZS Univerwersytet Warazwski (Universidad de Varsovia), este año le llega la oportunidad de dar el salto a uno de los equipos más mediáticos de Polonia − algo que ya ha notado en sus primeros entrenamientos − con la intención de ayudar en la consecución de un título que, en los últimos años, se le ha escurrido entre los dedos al equipo afincado en Zdunska Wola. Ignacio es un tipo al que merece la pena conocer, y gracias a él conseguiremos entender la situación que viven muchos españoles, siempre con la excusa de adentrarnos en un fútbol sala casi desconocido en España.

Pregunta: Llegó hace dos años a Varsovia con la idea de labrarse un futuro profesional lejos del 40×20, ¿no es así?

Respuesta: Antes de llegar a Polonia estaba semi-retirado, ya que la última temporada no había tenido ficha por una serie de problemas: me rompí un dedo, pasé una neumonía… Cuando quise recuperarme, solo quedaban tres meses de competición y el entrenador tenía su grupo ya configurado, y no entré en el equipo. Mi novia estaba en Polonia haciendo un Erasmus y decidí que si no podía jugar al fútbol sala, que era lo que me retenía en España, me debía centrar en encontrar trabajo, y allí lo encontré.

P: Y después de esas lesiones que me comenta, ¿no tuvo miedo de sufrir una recaída jugando y que pudiesen despedirle?

R: Yo llevo compitiendo (y ganando) desde los diez años en Extremadura, y en todo este tiempo no me he lesionado nunca. No creo que me haya perdido más de tres o cuatro partidos en toda mi carrera. La única lesión es la que te comentaba del dedo, y fue por una patada que me dio un compañero en un entrenamiento, así que no tenía miedo en absoluto. Nunca estás libre, pero no me preocupaba en exceso.

Además, no te voy a decir que las condiciones laborales de Polonia sean la panacea, pero sí son muy buenas. Estoy en una empresa muy accesible. No he sufrido ningún percance pero, en caso de haberme pasado, no creo que me repercutiese negativamente. Mi jefa sabe que jugar al fútbol sala es mi sueño, y me han dado siempre facilidades para salir antes de trabajar y llegar a los entrenamientos a tiempo.Resultado de imagen de ignacio casillas futsal

P: Me sorprende, porque desde fuera la sensación es que los polacos son bastante estrictos…

R: Y lo son, pero se están americanizando. Hay mucha multinacional norteamericana y no les importa cómo lo gestiones mientras tu rendimiento sea óptimo. Cuando llega la hora de salir es tu propio jefe quien te dice que te marches a casa. Hay cosas de las que deberíamos aprender en España… Por ejemplo, a mi jefa no le importa si trabajo en casa o en la oficina mientras cumpla. Se fía al cien por cien de mi implicación, y eso es algo que luego repercute positivamente en tu rendimiento.

P: Usted comenzó su aventura allí en el Universidad de Varsovia. ¿Cómo es la Segunda División de Polonia? Siendo portero, ¿el tema físico es tan importante?

R: Totalmente, no veas cómo pegan (risas). En el último año y medio era yo quien dirigía los entrenamientos de porteros y tuve que subir el nivel físico para adaptarnos a lo que nos exigen los partidos. Buscan el choque, meten el pie siempre…  Además, los partidos duran más porque hay mucha pausa, y al final acabas muchos partidos agotado, aunque estés bajo palos.

P: ¿Cómo se vive, en general, el futsal allí? ¿Hay afición?

R: Hay de todo. Yo he visto pabellones de Segunda llenos, con más de 2.000 espectadores cada partido, y luego los nuestros, en los que, de un aforo de trescientos, lo habitual eran unos cien espectadores… Lo más cerca de llenarlo ha sido cuando, en algún partido copero, ha venido un Primera. Es comprensible, en Varsovia hay tal cantidad de oferta de ocio que la gente se divide, y aquí el fútbol “grande” es una religión. He ido dos veces y he aguantado dos 0-0. Sin embargo, el estadio estaba lleno y la afición no paró de cantar durante todo el encuentro. Los jugadores son casi dioses, mientras que a nosotros apenas nos reconoce alguien… Sin duda es en las poblaciones pequeñas es donde más gente va a los pabellones, los llenan y se vive un gran ambiente. En ese aspecto se parece bastante a España, no es la misma pasión por el futsal en Madrid o Barcelona que Valdepeñas o Segovia.

P: Da el salto a Primera, al Gatta Futsal, un equipo que aspira todos los años al título. ¿Hay presión por ganar tras dos subcampeonatos consecutivos?

R: No, para nada. En los últimos cuatro años han conseguido un título y tres segundos puestos. Son muy veteranos y están esperando a ver cómo se desarrolla la temporada, pero sin presión. Este año, cuando llegué, se anunció una novedad importante que a los polacos no les hizo mucha gracia, unos playoff que sustituye al sistema que había hasta ahora, bastante confuso e injusto. Sin embargo al final – supongo que porque no convencía mucho – se ha anunciado que se mantiene el mismo sistema de dos grupos, aunque no se dividan los puntos a la mitad como hasta ahora. Eso perjudica a mi equipo porque en liga regular siempre nos dejamos puntos muy tontos, pero se luchará a muerte desde el principio.

P: Se define como un “portero clásico”, sin un gran juego de piernas. ¿Le gustaría que se cambiasen las normas para volver a dar esa identidad única al fútbol sala?

R: Yo jugué con las normas antiguas cuando era pequeño, las cambiaron cuando tendría unos quince años, y la verdad es que reventaron mi juego: tenía un gran saque, con bote de balón justo antes del medio campo. Siempre dejaba al compañero solo. Ahora cualquiera puede sacar de campo a campo, solo tiene que entrenar fuerza. Le dará espectacularidad pero así cualquier equipo rompe la mejor táctica defensiva con un saque de treinta metros. Antes el jugador tenía que pensar más, los pases en corto debían ser de más calidad, aprendías más variantes para sacar el balón jugado… Pero esto no implica que esté todo mal. Aunque me gustaría que el saque del portero se limitase a campo propio, no poder salir del área nos limitaba muchísimo. Yo salía a tarjeta amarilla por partido (risas) así que algo he ganado también.

P: ¿Cree que se está involucionando?

R: ¿En cuanto a la calidad? Totalmente. Un pívot de los de antes le daba mil vueltas tácticamente a cualquier ala de hoy día. Recuerdo a Choco, le ponías de cierre y salía con el balón jugado a la perfección. Hay muchas normas actuales que han embrutecido el fútbol sala.

P: Dicen que los porteros deben estar locos porque, con lo bonito que es marcar goles, ellos se dedican a evitarlos. ¿Recuerda la primera vez que se puso bajo palos? ¿Es vocacional?

R: Me gusta ser portero, es lo que he hecho siempre. Me viene de familia, de un tío que era portero. Mi ídolo de pequeño era Paco Buyo. Veía mucho balonmano y siempre me fijaba en el juego de los porteros. Recuerdo a Jaume Fort, el portero del Teka Cantabria, mejor que a cualquier jugador.

P: Trabaja por las mañanas y por las tardes se hace tres horas de coche (entre ida y vuelta) para entrenar, aparte de los partidos y los viajes. Por si fuera poco, tiene un blog y un canal de Youtube. ¿Es muy difícil?

R: Mi novia se tiene el cielo ganado conmigo (risas). En el Universidad de Varsovia nos veíamos poco, pero ahora menos. Salgo de trabajar, entreno, y cuando llego a casa es para cenar y poco más. El apoyo de mis padres es importante, pero fue ella quien me convenció para que aceptase la oferta. Sabía que me ofrecían un sueño y me “obligó” a que lo aceptase.

En cuanto al blog, y sobre todo al canal, los tengo un poco apartados. Es mucho tiempo el que inviertes en pensar qué quieres hacer, cómo grabar, etcétera, y luego aunque lo subes con buena intención, para ayudar a gente que pueda estar en una situación parecida a la tuya, ves que tienes pocas visitas y se te quitan las ganas de seguir, sinceramente. No obstante seguiré, porque me gusta y creo que es de utilidad no para dármelas de interesante, sino para personas que viven en España y tienen el recelo de salir al extranjero.

P: En una entrada reciente del blog analizaba cómo debe ser la mentalidad del suplente. Usted ha vivido las dos caras de la moneda. ¿Se ve preparado, si se diese el caso, para ver los partidos desde el banquillo?

R: Yo tengo claro mi papel. El entrenador de Gatta me fichó como tercer portero. Por supuesto que entrenaré para revertir esa situación, y cuando disponga de minutos daré el máximo para que cuente más conmigo, pero no me obsesiona. La madurez que adquirí en mi último año en Cáceres me hace afrontar esa suplencia con tranquilidad. Y como he contado al principio, esa situación en principio adversa provocó que viniese a probar fortuna a Varsovia. De mis dos temporadas en Segunda B, justo antes de venir, lo que más recuerdo fue al que era mi segundo entrenador entonces (Marcelo Almeida) que me sacó un día delante de mis compañeros y me puso como ejemplo de coraje, constancia y cómo hacer las cosas. Me quedo con eso.

 

Nosotros también nos quedamos con esa reflexión. Ignacio, además de un hombre sincero con el que se podría estar charlando durante horas, es un ejemplo de que, con ilusión y ganas, se puede sacar tiempo para todo. Por eso, sus éxitos en Gatta serán también los de ‘Futsal Corner’. Y por eso le deseamos que su nueva aventura le sea lo más grata posible. Por su parte, no tenemos duda que luchará para que así sea.

Imágenes: El periódico de Extremadura

Autor: Dani López. Director de Futsal Corner (en twitter: @gremplu)

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