Un marciano en el WiZink Center

Durante la celebración del último Campeonato de España de futbol sala y, por motivos que no vienen al caso, como si de un alienígena con el GPS averiado se tratara, debido a que soy un absoluto desconocedor de este deporte, aterricé en las proximidades de un lugar llamado WiZink Center en Madrid.

Si verdaderamente yo fuera marciano, cosa que a veces llego a creer, mi sorpresa hubiera sido enorme y desde luego agradable, pero quizá un poco desconcertante. Supongamos que lo soy y os cuento mis impresiones.

La tarde era soleada y fría, preciosa, en Marte no ocurre esto, y en una enorme plaza en la que hay apiladas unas piedras a modo de monumento se hallaban instaladas unas carpas que servían de cobijo para las actividades que muchos terrícolas realizaban mientras se producían encuentros y saludos entre unos y otros. Algunos tomaban fotos, otros charlaban y debatían agitadamente sobre la preparación y la logística de no sé qué acontecimientos. Había banderas de colores y algunos de ellos vestían de forma extraña: llevaban camisetas sobre las prendas de abrigo.

En la misma plaza un grupo de chavales daba patadas a un balón mientras eran observados y aplaudidos por mucha otra gente que se amontonaba alrededor del rectángulo de juego. Después me enteré de que el objetivo del juego tan fervientemente seguido por los espectadores era introducir el balón entre tres palos de madera; lo supe porque cada vez que ocurría esto, los terrícolas se ponían como locos y gritaban al unísono algo así como GOOOOLLLL!!! Además, hay corriendo entre ellos un señor que dice lo que esta bien o lo que está mal y al que llaman árbitro.

La cosa es que todo aquel ambiente de griterío, actividad frenética, colorines y goles parecía producir mucha felicidad en todo el que andaba por allí. Pensé por tanto que aquella actividad basada en la obsesión de meter la pelota entre los tres palos debía ser algo muy popular en este planeta.

Todo lo que estaba viendo en las proximidades de aquel enorme edificio llamado WiZink Center (los de Marte molan más) era el prólogo y el aperitivo de una gran competición en la que unos hombres jóvenes y en extraordinaria forma física también tratarían de meter la pelota por donde decían las reglas de ese juego al que le han puesto el nombre de futbol sala.

Los mejores equipos del país, alguno de ellos campeón sobre los campeones de otros países, competían un año más por ser el mejor, y el escenario no era cualquier cosa: un edificio que en la antigüedad se llamó Palacio de los Deportes de Madrid. Es decir, acababa de aterrizar por pura casualidad en la celebración de un evento realmente importante para un gran número de terrícolas, hasta el punto de que muchos de ellos viajan durante muchas horas y emplean su dinero en hoteles y restaurantes para poder presenciar cómo el equipo de sus colores favoritos, los de la camiseta que algunos llevan puesta sobre la prenda de abrigo, mete la pelota más veces que el equipo que lleva la camiseta de otro color.

Entré en un local en el que un terrícola situado detrás de un mostrador al que no se por qué llaman barra, despachaba bebidas a otros que estaban en el lado contrario y miraban un monitor en el que se podía ver el partido que se jugaba dentro del gran edificio; me quedé observando las imágenes un buen rato y me pareció un espectáculo verdaderamente emocionante.

Parece increíble lo que estos tíos pueden hacer con los pies; dirigen el balón hacia donde quieren, disparándolo a gran velocidad y se lo disputan al contrario, al de la camiseta de otro color, sin necesidad de utilizar las manos. Como suponía que el espectáculo iba a durar un rato pedí lo que la mayoría de los que estaban allí y me pusieron un vaso de un líquido al que llaman cerveza que me resultó muy agradable pero, no se si por los efectos de la pócima o por desconocimiento del terreno, tardé varias horas en recordar donde había dejado mi platillo volante.

Dada la importancia del acontecimiento esperé unos días para escuchar alguna noticia en los medios de comunicación que me ampliara la información sobre aquel evento, pero la espera y las indagaciones fueron infructuosas.

Supongo que por algún lado aparecerían comentarios escritos o hablados, pero yo no fui capaz de encontrarlos. Lo que no me pasó inadvertido porque era algo incesante y verdaderamente machacón, fue que todos los medios hacían mucho hincapié en otra actividad muy parecida que se practicaba en un rectángulo mucho más grande pero de hierba. También hay tres palos por donde meter el balón y también me enteré de que algunos de sus protagonistas se habían hecho inmensamente ricos por hacer lo mismo que hacían aquellos chicos que jugaban en la gran plaza rodeados de carpas, banderas y gente feliz.

Indagando un poco más, pude saber que en algunas ocasiones, los prolegómenos de estos encuentros que se practican sobre la hierba suelen ser en cierto modo peligrosos: gente con camisetas de diferente color se agrede mutuamente después de haber bebido grandes cantidades de esa cosa a la que llaman cerveza, actitud que no me pareció ver en lo más mínimo en la gran plaza donde estaba la gente feliz. Me pregunto si los que beben tanto de ese líquido, después serán capaces de encontrar su platillos.

Un equipo que se llama Jaén Paraíso y algo más, fue el mejor y le ganó la final a otro que también es excepcional, Inter Movistar, en un partido que según cuentan fue muy igualado y emocionante, hasta el punto que hubo que prolongarlo para que se produjera el desempate, y los trece mil terrícolas que asistieron lo pasaron realmente bien,  pero insisto, al día siguiente nada de nada. Me costó entender que aquel evento pudiera tener tan poco interés para los medios de comunicación.

Si me reparan el platillo volante voy a intentar que mis colegas los marcianos jueguen a esto tan divertido y que hace tan feliz a la gente.

Por cierto, no entiendo muy bien la mezcla de palabras; creía que en esta parte del planeta se hablaba castellano y resulta que futbol, en algunos casos fubol y en otros jurgol, son la traducción de football pero adaptado a lo que se habla por aquí,  y WiZink Center sé que no significa ni palacio ni deportes, pero creo que…. es mejor que estos terrícolas se aclaren entre ellos, no sea que acaben llamándole “jurgol indoor”; pero este sería tema para otra clase de marciano.

 

Autor: Paco González

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