La bipolaridad (exclusiva) del césped

No me he vuelto loco. No voy a analizar ningún partido de fútbol. Y no por falta de conocimiento, sino de ganas. Al calor de la Champions League (no es el sitio para comentar, ya todos sabéis de qué hablo) me hacía una reflexión, quizá motivado por un exceso de cafeína, que me quitaba el sueño. ¿Qué tiene el fútbol que nos vuelve locos? Más concretamente, ¿por qué esa bipolaridad Madrid-Barça no tiene un símil en fútbol sala?

Lo primero que haré será pedir disculpas a esos aficionados futboleros que son fieles al cien por cien a cualquiera de los 18 equipos restantes de la Primera División, a los 24 que componen la Segunda División, a los 80 que siguen todos los domingos a su equipo en esos campos de Segunda B… Bueno, ya me entendéis. A vosotros, aficionados a VUESTRO equipo, os pido que me disculpéis, pero sabéis que esto no va por vosotros.

Hablo de las dos Españas, pero no de los que prefieren ciudad o campo, tampoco hablo de política y votar a la izquierda o la derecha, ni siquiera (sería un gran debate, pero no es el foro) hablo de escoger a Vicente o Cepeda, sino de los que se enervan cuando los azulgranas o los blancos juegan. Cada partido de fútbol se convierte en un clamor de análisis (los menos), insultos (los más) o memes contra unos y otros, convirtiendo a esa minoría (o no) silenciosa que es exclusivamente del equipo de su pueblo, en meros espectadores de un bochornoso espectáculo.

¿Y porqué escribo esto en una web que presume de aportar “una manera diferente de entender el fútbol sala”? Porque intenté traspasar esa dualidad al futsal, y me choqué con un muro que no hay caminante blanco que lo escale, ni dragón revivido que lo derribe. Porque no fui capaz de encontrarlo. Por algún motivo que no he sido capaz de entender, en fútbol sala la gente SÍ es de su equipo, y nada más. Aquí esa minoría silenciosa que se hastía con la bipolaridad futbolística no traslada su eterno duelo al parqué. Los que en el césped pelean por Madrid o Barça, en fútbol sala son del equipo de su tierra: sufren, ríen, animan, lloran y celebran por sus colores, y siempre desde el respeto al rival.

En estos años he conocido gente de todos los rincones de España. Estoy muy orgulloso de decir que en cada pabellón de Primera División habrá siempre alguien que conozco viviendo el partido en directo. He vivido Copas de España, eliminatorias locales y de Europa, he compartido cervezas con grupos de gente de todos los colores –y no hablo de la piel, sino de las equipaciones− y siempre los perdedores han felicitado al ganador, sin un mal gesto, sin rencores. Aficiones compartiendo espacio, sana rivalidad, sin maldad, sin caer en errores arbitrales o excusas políticas, y lo más importante: sin insultos.

Siempre defenderé el fútbol sala. En un espacio tan reducido, resulta increíble lo que pueden hacer los jugadores: la plasticidad, calidad técnica y táctica, la cercanía, los goles (muchos y bonitos)… Pero si necesitaba pocos motivos, cuando veo esa bipolaridad que viven los del césped, el odio que se genera de cada bando al otro, y lo comparo con lo bien que representa ese mismo aficionado a su club de fútbol sala, me enorgullezco aún más de sentir verdadera pasión por la gente del parqué.

 

Imagen principal: 123rf.com

Autor: Dani López (en Twitter: @gremplu)

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