Algo más que una Copa del Rey

Más de 1.400 días, casi 4 años, llevaba el Barcelona de fútbol sala sin levantar un título. Una sequía que se inició tras la Copa del Rey conseguida en 2014 y que continuó hasta el pasado sábado en Cáceres. Toda una travesía en el desierto que acaba donde empezó, con el torneo fetiche para la sección de futbol sala blaugrana. La Copa del Rey que han ganado en cinco de las ocho ediciones disputadas.

Al margen del valor deportivo de este trofeo, este título supone mucho más que una Copa para el Barcelona. Al fin y al cabo, la Copa del Rey es el torneo de menor consideración en fútbol sala. A pesar de su cuadro abierto a categorías inferiores, la belleza de las eliminatorias a partido único y de que es la única competición organizada por la RFEF, no es una competición que termine de enganchar. Sin embargo, para el Barcelona esta victoria supone darse la razón a sí mismo. Algo que necesitaba tras haber renovado contrato a su cuerpo técnico y la mitad de su plantilla hasta 2020 sin haber ganado nada.

La renovación sabe mejor con títulos.

La derrota en cuartos de la Copa de España ante Zaragoza y en semifinales de UEFA Futsal Cup contra Inter fueron dos puñales que no terminaban de supurar. La que debía ser la temporada de despegue tras dos años cogiendo velocidad con Andreu Plaza volvía a encallarse de forma inesperada. De hecho, ambos tropiezos generaron turbulencias desconocidas en un club conocido por su seny. Por ejemplo, la rueda de prensa de Andreu tras caer en la Copa de España o el enganchón de Lozano con un periodista de su círculo antes de esta final en Cáceres. Muestras de un nerviosismo cada vez más candente en Can Barça pese a la condescendencia que siempre ha habido en esta sección.

Sin embargo, la victoria ante el Jaén rompe esta dinámica de derrotas y reproches. El Barcelona ya no lleva la losa de equipo perdedor encima. Al contrario, esta victoria ante el mejor equipo de la segunda vuelta le imbuye de un aura ganadora. Una sensación que desconocía desde el ciclo victorioso liderado por Marc Carmona. Otro periodo hegemónico que también se cocinó a cocción lenta. Carmona tardó cinco años en ganar la Copa Cataluña y seis en conseguir el triplete. Un lustro de forja para un equipo campeón que empezó a formarse en la cueva de Segunda.

El Barcelona funciona a a cocción lenta. Carmona tardó cinco años en ganar la Copa Cataluña y seis en conseguir el triplete.

Esta Copa del Rey puede tener el mismo efecto que tuvo esa Copa Cataluña hace 8 años. De momento, rompe el techo de cristal de Andreu Plaza, hasta ahora imberbe en su palmarés como entrenador jefe. Algo necesario para evitar el runrún en los pasillos del Palau y alejar a oportunistas del banquillo más deseado de la LNFS. Además, esta victoria devuelve la confianza a un equipo en un momento clave de la temporada: antes de playoffs.

Con Inter y ElPozo absorbidos por los rumores, el Barcelona está ante su gran oportunidad para ganar la Liga. Además, el Barça ha sido valiente y disputará la Intercontinental oficiosa que se disputará en Tailandia a finales de agosto. Allí esperarán Falcao y el Carlos Barbosa para disputar el cetro de campeón del mundo. Honor que el Inter de momento ha rechazado por la comodidad de la Masters Cup. Un torneo a disputar unas semanas antes en Portimão y en el que el Magnus de Falcao también participará.

Falcao jugará las dos Intercontinentales oficiosas.

En resumen, la Copa del Rey 2018 es algo más que una Copa. Es el primer paso que da el Barcelona para recuperar la hegemonía perdida. En cuestión de unos meses, el Barcelona podría conseguir un triplete a la altura de su presupuesto. Sin embargo, el fantasma del fracaso siempre está ahí. Como dice Andreu, no llegar a la final de liga y quedarse fuera de la nueva UEFA Futsal Champions League sería inexcusable. Un revés histórico que dejaría en nada esta Copa y las esperanzas que ha generado en el aficionado culé.

Imagen principal: www.rfef.es

Autor: David Candelas (en Twitter: @CandelasJr)

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